Una campaña electoral en la que los partidos con más presencia mediática o no están, o acaban de llegar, resulta por lo menos atípica, sobre todo cuando esa presencia se la dan, hasta la sobredosis, sus más directos rivales.
Conscientes por fin de haber perdido la confianza de la masa electoral, la cabezas visibles del bipartidismo tratan de recuperar posiciones frente a los avances de Podemos por la izquierda (se supone) y Ciudadanos por la derecha (se sabe) formaciones acosadas y bombardeadas desde todos los ángulos del poder bicéfalo. El que fuera tercero en la discordia IU se descompone se fragmenta y se descoloca mostrando una fragilidad que proviene, entre otras cosas, del dominio del aparato del PC, descabezado también y experimentado verdugo de cualquier disensión interna en nombre de un centralismo democrático que tiene más de lo primero que de lo segundo. La herencia del gran hermano Stalin sigue asomando el colmillo retorcido aunque sus más caducos representantes hayan sido desplazados, quitados de en medio de momento, para dar paso a una nueva y un tanto ilusa nueva generación llamada para limpiar sus siglas y airear esa casa común que huele a rancio.
Moncho Alpuente
http://portaloaca.com/opinion/10338-descastados.html
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