¿Cómo confiar en la Justicia cuando los derechos fundamentales, como el de la libertad de expresión, no están garantizados en nuestro Estado “democrático”?
Estamos llegando a unos límites en los que el humor, la ironía y el sarcasmo en determinados ámbitos y sobre algunos temas son considerados delitos por tribunales “independientes” –pero claramente politizados-, hasta el punto de que una persona puede ser condenada a prisión por pensar en voz alta, escribir lo que piensa o compartir las ideas de otras.
Desde CGT consideramos que la libertad de expresión es un pilar básico en el que debería construirse una verdadera democracia. Perseguir a artistas comprometidos con luchas sociales para castigar la disidencia y otras formas de pensamiento opuestas a la de la gran mayoría, no es característico de una sociedad que se autoproclama “libre”. Por todo ello nos solidarizamos con César y con todas aquellas que como él han sido perseguidas y molestadas a causa de sus ideas y opiniones.
Macarena Amores García
Gabinete de Prensa del Comité Confederal de la CGT
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