La Unión Europea y Estados Unidos negocian desde hace dos años un Tratado que se enmascara bajo el concepto de “Libre Comercio”. El TTIP, como le llaman por sus siglas en inglés, es una apuesta económica que aparentemente “armonizará normas, controles y exigencias administrativas, coordinará las leyes que vayan a tener impacto comercial o facilitará las inversiones”. Pero también plantea una serie de ingredientes para hacer de la desigualdad una característica irreversible, el pan nuestro de cada día.
La desigualdad se ha infiltrado con tanto descaro en el modelo económico, social y político que denunciarla se ha convertido en rutina. Así que más que esforzarse en desmontar el TTIP, habría que plantear de forma explícita hacia dónde nos ha llevado el modelo que perpetua. ¿ El planteamiento de los nuevos tratados de libre comercio tiene una conexi ó n directa con el incremento potencial de la desigualdad?
Lo que es seguro, como alertaba un informe de la OCDE, es que el coeficiente Gini que mide la desigualdad no ha dejado de crecer desde 1980, siendo en la actualidad del 31% en la UE y del 38% en EEUU. Datos mas recientes de 2014 también retratan el efecto de las políticas emprendidas: la desigualad ha crecido en la mayoría de países involucrados en el TTIP. Respectivamente, gracias a las reformas para fortalecer la competici ó n en los mercados, se han debilitado las protecciones laborales y han ca í do los salarios m í nimos.
De hecho, la propia Comisión Europea, que impulsa las negociaciones del TTIP, se retrató en 2014 cuando ligó el aumento de la desigualdad con mecanismos de comercio para potenciar la economía muy similares a los planteados en su tratado estrella.
Otro aspecto que pasa desapercibido es que la Uni ó n Europea pretende armonizar regulaciones con Estados Unidos, el pa í s rico m á s pobre y desigual del planeta. La mayor parte de la riqueza ha sido amasada por el 1% de los estadounidenses, con ingresos medios de 27 millones de dólares anuales por familia, mientras que ese mismo índice se ha quedado clavado en unos 31.000 dólares para el 90% de los hogares estadounidenses, según datos de la Universidad de California Berkeley.
Amasar riqueza y fomentar el comercio como herramienta del lucro empresarial es una estrategia excelente para justificar la discrimnaci ó n de la redistribuci ó n de la riqueza. También lo revela inocentemente el informe de la OCDE: “Mientras que la desigualdad de ingresos de mercado ha aumentado, la redistribución a través de impuestos/transferencias se ha hecho menos eficaz en muchos países”. Además, “los ingresos de mercado se distribuyen de forma mucho más desigual que los ingresos netos”.
El lenguaje es una herramienta crucial para marginar la realidad y enmarcarla como un problema que no nos afecta, por ello le llaman TTIP de forma abstracta, y usan el concepto del “libre comercio” para justificar la desigualdad. Llamémoslo, capitalismo, vergüenza , reducción de la libertad vestida de “ asociación transatlántica para la inversión ” .
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