28 jul 2020

Temporeras de la Sanidad

                                                                                   
Entre mayo y junio se han destruido 18.000 de los casi 35.000 contratos sanitarios creados durante los peores meses de la pandemia. Los sindicatos del sector denuncian trabajos temporales, itinerantes y mal pagados

Garazi –todas las sanitarias entrevistadas rehúsan dar sus apellidos por temor a represalias– es técnica de cuidados de enfermería y en 2019 tuvo cerca de 30 contratos en la sanidad pública. Garazi firma y vuelve a firmar. Firma por pocos días. El año pasado, casi sesenta veces. Los últimos meses ha tenido suerte. Suerte entre comillas: le han prorrogado el quinto contrato y, si todo acompaña, como mucho tendrá seis en 2020. “Son tantos que pierdes la cuenta”, señala y denuncia. Lo peor, quizá, es la costumbre. Les pasa a casi todas desde siempre. Y no se ve un cambio en la forma de actuar de la parte contratante, la sanidad de todos. 

Marga también lleva unas cuantas firmas este año. Es enfermera y ha recorrido todos los hospitales de Bizkaia. Tiene que pagar un préstamo hipotecario y la temporalidad de sus contratos le hace pensar más en qué pasará cuando este termine que en el cuidado de sus pacientes. “¿Podré con la hipoteca cuando se me acabe este contrato?”, duda y pregunta al aire, inquieta, enfadada. “Porque trabajo hay, ¿eh?”, incide. Sin embargo, ella sigue acumulando colocaciones precarias pese a los años dentro de la bolsa de mano de obra de la sanidad.

Ane, también enfermera, lleva aún la L de novel, de learner, de aprendiz. Salió de la facultad en 2018. Sin embargo, ya es toda una experta en ser enfermera por días, por tardes, por semana, por semanas. Por todos aquellos espacios temporales cortos, por los mal pagados, por aquellos peor situados geográficamente. Ha aprendido lo básico: hoy estás aquí y mañana allá. “No sé hasta qué punto puedes acostumbrarte a cambiar cada día de lugar, con sus pacientes y sus patologías completamente distintas…”, reflexiona. Ane habla de intranquilidad diaria, de intranquilidad crónica. 

Garazi, Marga y Ane no quieren ser temporeras de la sanidad. Temporales se saben. Y nómadas por contrato también. Itinerantes. De hospital en hospital. De centro de salud en centro de salud. A lo que se niegan es, ahora que asoman más de 200 brotes de coronavirus en toda España, a escuchar la llamada y presentarse allá donde las reclamen. Garazi, Marga y Ane no quieren ir de nuevo a apostar su vida por un contrato temporal. No quieren jugarse la salud por un contrato que, ni siquiera, cubre su tranquilidad: si van a jugarse el contagio, sin Equipo de Protección Individual (EPI) y sin descanso, que sea sin pensar en la hipoteca.

De los 34.900 contratos nuevos que se firmaron entre marzo y abril por el pico de una pandemia que desbordaba los hospitales, las residencias, las consultas de atención primaria y cualquier rincón sanitario o sociosanitario, 18.000 han desaparecido de la sanidad española entre mayo y junio.

Médicos, enfermeras, técnicos de enfermería y celadores fueron dados de baja. Así lo denuncia el sindicato mayoritario, la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Desde el sindicato de Enfermería SATSE han denunciado que no se prorroguen contratos: “Se entendía que ningún profesional sanitario sobraba trabajando, queríamos unas plantillas bien dimensionadas, dotadas de personal. Y así se podrían organizar las vacaciones de quienes han estado trabajando durante lo peor de la crisis sanitaria”.

Pero si se abstrae la pandemia de la ecuación, los sanitarios siguen pidiendo una contratación mayor en cantidad y en calidad: más personal con contratos más estables. En 2019, el sindicato de Enfermería SATSE puso el grito en el cielo por la falta de personal: “Es un mal que está afectando a todo el sistema sanitario y sociosanitario”. 

Sanidad precarizada

Las ratios son vergonzantes si las comparamos con las europeas. España se sitúa muy abajo en el ranking. En Europa, la ratio es de 8,8 profesionales de la enfermería por 1.000 habitantes, según la OCDE. El Estado español está en 5,6 enfermeras y enfermeros por mil habitantes. En el caso de Euskadi son 7,6; en la Comunidad de Madrid 6,6; en Cataluña 6,2 y en Andalucía 4,3, según datos del INE. “¿Crees que cinco enfermeras pueden cuidar de 1.000 personas?”, se preguntan desde el SATSE. Se necesitan más de 135.000 enfermeras y enfermeros para alcanzar la media europea.

Amaia Mayor, secretaria provincial del SATSE Bizkaia, recuerda que se puso en marcha una iniciativa legislativa popular para llevar al Congreso de los Diputados. Se denomina Ley de Seguridad del Paciente y pretende alcanzar la media del resto de países europeos. Ni siquiera buscan llegar a los números de países nórdicos. “Situarnos en mitad de tabla, ¡qué menos!”, explica y reivindica que se abra de nuevo “el debate” en el hemiciclo, paralizado entonces con el estallido de la covid-19. “Para nosotras es importantísimo garantizar la seguridad de los pacientes”, asegura.

Desde el sindicato de Técnicos de Enfermería (SAE), recuerdan que en Europa se contabilizan tanto enfermeros como técnicos de cuidados de enfermería –las obsoletamente conocidas como auxiliares–. Por este motivo, aseguran, las ratios deberían ser objeto de estudio y revisión.

Isabel Lozano, secretaria de organización y comunicación del SAE, explica que, con una población tan envejecida como la española, con patologías crónicas como la diabetes, “lo que se necesita son cuidados fundamentales y no tanto cuidados enfermeros”. 

“En el sistema de salud español debería haber más técnicos de cuidados de enfermería que enfermeras”, puntualiza Lozano desde el SAE. “Las plantillas están mal estructuradas. Las enfermeras tienen cada vez más trabajo burocrático y los técnicos de cuidados de enfermería están cada vez más ocupados en las atenciones”, concluye.

Temporalidad

“Muchos sanitarios se han quedado sin vacaciones por la pandemia. Osakidetza (el servicio vasco de Salud) anuló a través de la instrucción 7/20 toda licencia de descanso”, denuncia Amaia Mayor, secretaria provincial del SATSE Bizkaia.

Marga, enfermera ahora en el hospital de Galdakao, apunta justo en la dirección opuesta: “Nos obligaron a cogernos vacaciones en mayo porque sobrábamos, la pandemia estaba calmada. Pero ahora el exceso horario no podemos usarlo, porque debemos estar esperando al posible rebrote. Porque esperan un rebrote y claro…”. Sobraban, y como sobraban, debían irse de vacaciones a sus respectivas casas.

Pero la realidad es, sin embargo, que con las ratios tan mermadas falta personal a diario. Y con un posible rebrote volverían a abrirse las costuras de la sanidad. “Tenemos miedo de ponernos malas porque no tienen gente con quien cubrir esas bajas. Están denegando hasta días de asuntos propios, que, por ley, nos pertenecen hasta seis”, denuncia enfadada Marga.

La temporalidad en los contratos de la sanidad es perjudicial y repercute en, como mínimo, tres sentidos. Por un lado, en la calidad de la atención a los pacientes. También en el entorno y el bienestar personal de los profesionales. De estos dos se deriva un tercer problema que afecta a la atención de urgencias: cuando los atendidos perciben mayores esperas y peor atención, pueden pagar su impotencia con los sanitarios. De hecho, este es un colectivo muy afectado por la agresión física y verbal. 

Así lo explica Amaia Mayor: “La temporalidad y falta de personal sanitario no sólo afecta al personal atendido, al paciente. Hay una serie de costas que pagan los profesionales. Se dan más episodios de estrés y de burnout (síndrome del trabajador quemado). Incluso hay un porcentaje importante de abandono de la profesión”.

También “hay posibilidad de accidentes biológicos”, apunta Mayor. Una enfermera atropellada por el tiempo o por los nervios de desconocer el entorno puede acabar pinchándose con una aguja contaminada.

Ya que la temporalidad afecta a las ratios, la iniciativa del SATSE exige que los 19 pacientes por enfermera en un turno de noche queden en el recuerdo. “Es importante que se apruebe la proposición de la Ley de Seguridad del Paciente, que establecería un máximo de 6 pacientes por enfermera”, concluye la secretaria provincial del sindicato de Enfermería SATSE.

Nómadas, ambulantes e itinerantes

“Cuando llegas nueva a una planta, por ejemplo, cuando empiezas a aprender, tienes que irte. Los contratos tan cortos precarizan. Y repercuten negativamente en los usuarios que se atienden. Es importante adaptarse”, señala Isabel Lozano, del SAE. 

Ello lo refrenda Marga, enfermera: “Te hacen un contrato de una semana en una planta. De esa planta te vas a otra completamente diferente otra semana. Atiendes peor porque, por muy profesional que seas, debes integrarte en el equipo de trabajo. Sientes que molestas, sientes que no conoces el lugar, no hay formación previa: sabes de todo, pero no sabes nada”. Para Garazi “es normal” tener un contrato temporal y reconoce que debe asumir contratos a turno para conseguir conformar un sueldo digno.

Ane cuenta una historia que ha vivido como enfermera y que es tónica general, sobre todo en los primeros años trabajando para el sistema sanitario: “Te llaman un lunes a las ocho y veinticinco de la mañana para preguntarte si estás disponible. Si lo estás, te piden que vayas al ambulatorio de un pueblo perdido de la mano de Dios. Además, te dicen que deberías haber entrado a las ocho en punto. Cuando llegas, llegas con un retraso que tienes que asumir. Y lo asumes porque crees que ese contrato te va a durar un tiempo. Pero no, es un contrato para cubrir solamente esa mañana”. 

La joven enfermera dice que ahora está de retén y que así lleva unos meses. ¿Y qué es ser retén? “Significa que hoy estás en Infecciosos, mañana en Psiquiatría y pasado en Urgencias. Tienes que saber de todo, aunque las dinámicas y las patologías sean muy diferentes”, trata de explicar.

¿Y qué pasa si no sabes de todo? “Da igual: vales para todo. Tienes que valerlo”, sentencia Ane. El contrato temporal que ha firmado incluye una cláusula fantasma que así lo indica.

https://ctxt.es/es/20200701/Politica/32930/Luis-Miguel-Barcenilla-temporeras-sanidad-enfermeras-precariedad-contratos-temporales.htm

Iberia ultima la compra de Air Europa por 500 millones

La cúpula de IAG (Iberia) y la familia Hidalgo, propietaria de Air Europa, están en la recta final de sus negociaciones para la compra de la segunda por la primera por un importe de aproximadamente 500 millones de euros, la mitad de lo pactado en noviembre, según publica hoy Cinco Días, que cita fuentes solventes. El periódico económico dice que la presentación del acuerdo es inminente. De acuerdo con este medio, Iberia se ahorra así los 40 millones de penalización que debería haber pagado en el caso de negarse a mantener la compra, pero también lleva adelante una operación que, al parecer, sigue considerando importante para su estrategia. El acuerdo mantiene los elementos esenciales y estaría cerrado, salvo algunos flecos. El periódico maneja una horquilla de precios entre los 500 y los 600 millones, que no estaría mal para un negocio que actualmente está en una profunda crisis. El Gobierno español ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de empujar a la fusión de las dos empresas en una, para mejorar el posicionamiento español en el mercado latinoamericano de la aviación, para cuando este reabra sus puertas. Iberia presentará este viernes sus resultados económicos y el periódico contempla la posibilidad de que en esa fecha estuviera toda la operación cerrada para su posible presentación.
 
 
 
 

IAG estudia emitir derechos de suscripción de hasta 2.750 M €

El grupo IAG está sopesando impulsar una emisión con derechos de suscripción de hasta 2.750 millones de euros para fortalecer "aún más" su balance. Este viernes el grupo se ha anotado la segunda mayor caída del Ibex-35, con un descenso del 4,96%."No se ha tomado ninguna decisión sobre si proceder o no, o en su caso cuándo, con una emisión con derechos de suscripción", aclara en cualquier caso el consorcio en un comunicado, remitido este                
viernes a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).Además, asegura que, tal y como explicó al presentar sus resultados el pasado 7 de junio, antes de que se desatara la crisis del coronavirus, IAG ya contaba con "una posición de balance y liquidez sólidas", con tesorería y líneas de crédito no dispuestas que a 30 de abril de 2020 ascendían a 10.000 millones de euros.
"IAG ha tomado todas las medidas apropiadas para fortalecer su balance y aumentar su posición de liquidez", añade el grupo
Este viernes ha anunciado la extensión de su acuerdo comercial con American Express, por lo que recibirá un pago de aproximadamente 750 millones de libras esterlinas (768 millones de euros).
IAG, propietario de Iberia, British Airways, Air Lingus y Vueling, se ha anotado este viernes la segunda mayor caída del Ibex-35, con un descenso del 4,96%.

22 jul 2020

Emigrantes de usar y tirar

SÓLO ENTRE LOS MESES DE ENERO Y OCTUBRE de 2019, según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía, la región de Huelva ganó 994 millones de euros con la fresa.
Voy a decirlo otra vez, que los números se leen rápido y no son números, son personas lo que hay detrás: novecientos noventa y cuatro millones de euros.
En medio de este infame negocio de explotación legal pactada entre España y Marruecos están 7000 mujeres que consiguieron llegar a España antes del cierre de fronteras por el COVID-19.
Voy a decirlo otra vez, que los números se leen rápido y no son números, son personas lo que hay detrás: siete mil mujeres
Miles de mujeres sin derechos: explotadas (porque no tienen derechos), abusadas (porque no tienen derechos), vulnerables (porque no tienen derechos); carne de cañón para la maquinaria blanco-capitalista. «Emigrantes de usar y tirar», dijo una de las trabajadoras que dicen que vienen sin estudios y que son analfabetas, pero saben usar las palabras más acertadamente que los «expertos» que encabezan las noticias de nuestros telediarios. Hay más política en esa frase que en todo el edificio-artificio de la Moncloa. 
Mientras la policía local se pasea por las playas y ciudades para controlar que la blanquitud durante sus merecidas vacaciones lleve bien puesto el bozal, aká la mascarilla, por nuestro bien por nuestro bien todo por nuestro bien, las temporeras de la fresa, y el resto de los esclavos migrantes que trabajan para nuestros merecidos frigoríficos y nuestras merecidas barrigas, se hallan en una situación de desprotección y abandono sanitario-laboral sin poder cumplir las normas de seguridad que tanto controla la policía y los gobiernos central y autonómico por nuestro bien por nuestro bien todo por nuestro bien. Ni distancia de seguridad, ni mascarillas, ni inspecciones que velen por la seguridad de esas personas que se enferman en nuestros invernaderos. ¿Será que hay vidas de primera y vidas de segunda? ¿Será un ejercicio de irresponsabilidad y una tremenda contradicción en plena pandemia el no cuidar y proteger a estas personas?  
He visto en el mariposario de Níjar insectos que reciben más cuidados que estas personas.
He dicho varias veces 'personas' pero voy a decirlo otra vez: PERSONAS
No soy capaz de transmitir el asco que me da el discurso de la responsabilidad individual en el uso de la mascarilla, el asco que me dan todos los partidos y el gobierno de este miserable país, el asco que me dan las normas, las reglas, las órdenes sesgadas con el mantra de fondo de 'por nuestro bien por nuestro bien todo por nuestro bien'.
Qué será «el bien» y qué será eso de «nuestro».
https://arrezafe.blogspot.com/2020/07/emigrantes-de-usar-y-tirar-lucia-barbudo.html

21 jul 2020

Sanidad: un derecho en manos privadas

La aprobación de la Ley 15/97 trajo consigo la entrada de fondos de inversión al sistema sanitario, la devaluación de las condiciones laborales, el recorte en el número de camas y la deshumanización de la atención sanitaria. La pandemia, que ha puesto en evidencia todas las consecuencias de esta privatización, ha despertado la reivindicación de la sanidad pública
Cristina O. ha pasado por hospitales tanto públicos como privados desde que terminó su carrera en enfermería en 2007. Empezó en un centro público, trabajó en dos residencias, estuvo un año en un complejo del Grupo Quirón, ejerció en una tercera residencia y, antes de conseguir una plaza vacante hace ocho años en el hospital público en el que continúa actualmente, pasó por el de Manises (València), que funciona bajo el denominado modelo Alzira. “Creo que el hecho de que insista a todas mis amigas en que, por favor, vayan a parir a hospitales públicos, aunque sea en literas, resume bien mi experiencia”, apunta. Considera que los pacientes que optan voluntariamente por la atención en la privada no tienen “ni idea” de lo que hay: comparte casos de seguros que cubren solo hasta un punto, deshumanización del sistema, envío a la pública cuando el paciente ya no sale rentable. “Si lo supieran, yo creo que muchos no la elegirían”, resume.
Los buitres planean al acecho de las pensiones de la Unión Europea ...Los hospitales privados ya suponen bastante más de la mitad del total de todos los que hay en España y suman, según los datos del último Catálogo Nacional de Hospitales, de 2019, 464 centros, de los que la gran mayoría —314— son propiedad de empresas, otros 133 de entidades benéficas —Cruz Roja y entidades religiosas— y 17 de mutuas. Mientras, los hospitales públicos que se contaban en todo el territorio estatal ese año se limitaban a 342.
La deriva de la sanidad en España hacia lo privado comenzó hace 34 años. “Hay que partir del año 1986, cuando se promulga la Ley general de sanidad”, recuerda Juan Antonio Gómez Liébana, enfermero y portavoz de la Coordinadora Anti-Privatización de la Sanidad Pública (CAS) de Madrid. La ley que sería la base legal del sistema sanitario español se pensó, según explica Gómez Liébana, mucho más progresista de lo que finalmente fue. En sus primeros borradores se hablaba de farmacia pública, una reclamación que, afirma el sanitario, fue descartada por presión de la socialdemocracia alemana, con amplios intereses en la industria farmacéutica, dejando a España sin infraestructuras con las que producir medicamentos más allá del Centro de Farmacia Militar, y a día de hoy fuera de la actual Alianza Inclusiva por la Vacuna contra el Covid-19, de la que sí forman parte Francia, Alemania, Italia y Países Bajos.
El texto también hablaba de salud bucodental, de salud mental —67 de los 91 hospitales psiquiátricos que hay en España hoy son de gestión privada— y de participación comunitaria. “Pero la Ley general de sanidad salió recortada respecto a los borradores más progresistas”, continúa Gómez de Liébana. Señala que en esa época se barajaba como principal nombre para ocupar la cartera de Sanidad el del diputado socialista Ciriaco de Vicente, que planteaba un sistema sanitario totalmente público. El ministerio finalmente fue a parar a Ernerst Lluch y la ley, que nació bajo el lema de la sanidad universal, incluyó una puerta de entrada a la intervención privada: el artículo 90 permitía los conciertos entre el sistema sanitario público y empresas si se cumplían una serie de condiciones, entre las que se citaba, en primer lugar, el uso óptimo previo de los recursos sanitarios propios, cláusula que, en la práctica, se obvió.
El dinero gastado en conciertos sanitarios en 1986 en todo el Estado ascendió a 986,3 millones de euros, según datos del Ministerio de Sanidad, un 11,31% del gasto total de la sanidad pública. Diez años después, el porcentaje destinado a conciertos rozaba el 12% del gasto sanitario —3.071 millones de euros—, y en 2005 alcanzaba el 12,4% con 6.291 millones de euros. En 2018, el último dato registrado, superaba los 8.000 millones de euros de los 71.000 millones de euros de gasto público en sanidad. “Eso da para contratar a 128.000 trabajadores del Sistema Nacional de Salud”, señala Juan Antonio Gómez de Liébana.
“La financiación pública de servicios privados mantuvo un crecimiento continuo, pero en la época de crisis económica, como los contratos con el sector privado eran rígidos, con un incremento anual fijo independientemente de los presupuestos sanitarios, aunque el presupuesto sanitario bajara, esta partida se incrementó notablemente”, expone Marciano Sánchez Bayle, médico pediatra y portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). Hay diferencias según territorios: frente a los 31 millones de euros de Cantabria, donde los conciertos, según datos oficiales, suponían en 2018 el 3,5% de su gasto sanitario, o los 139,7 de Castilla y León —3,7%—, en Madrid el dinero público derivado a la privada mediante conciertos alcanzó en 2018 los 845,7 millones de euros, un 10% de su gasto en sanidad pública, y en Catalunya se superaron los 2.832 millones de euros, un 26%.
“Esto lleva así desde los años 80”, lamenta Marcel·la Güell Cid respecto al gasto en Catalunya derivado a empresas privadas. Güell es enfermera jubilada y activista en diferentes movimientos sociales desde los años 70. Lidera la Comissió de Salut de la Federació d’Associacions de veïnes i veïns de Barcelona (FAVB). “Hay una estructura creada con esta especie de consorcio de hospitales que dependen de fundaciones y la gente no tiene conciencia de que es privado”, explica. Ya antes de que se aprobara la Ley General de Salud, el sistema sanitario catalán se construyó con diferencias respecto al resto del Estado que explican que más de la cuarta parte de su gasto sanitario sea destinado a conciertos, una proporción que ha sido incluso mayor en otros años —un 36,5% en 2002—. Actualmente 32 hospitales de gestión privada forman parte de la Xarxa Hospitalària d'Utilització Pública de Catalunya, un ente creado en 2010 por el gobierno saliente de José Montilla (PSC) que abrió las puertas del sistema sanitario a la iniciativa privada.
“Durante estos 35 años, el artículo 90 de la Ley General de Sanidad ha sido el resquicio legal para desviar dinero a la privada”, reitera Gómez Liébana, quien recalca que estas derivaciones se centran “en intervenciones quirúrgicas sencillas y en diagnósticos fundamentalmente, y esto se hace mientras existen servicios de diagnóstico que no funcionan por la tarde y hay plantas cerradas en hospitales públicos por falta de plantilla”. Según el informe Situación actual y evolución de la atención especializada en las comunidades autónomas, publicado por la FADSP en enero de este año, en 2017 los centros privados atendieron el 19,66% de las consultas externas derivadas a atención especializada, de las que el 47,29% eran primeras consultas, y en estos centros se produjeron el 19,5% de las estancias y el 23,5% de las altas con una menor estancia media. “Los datos sobre consultas externas e ingresos abonan la hipótesis de la menor complejidad de los enfermos atendidos en el sector privado”, apunta el informe.
“Hay una estrategia muy consolidada para que el sector privado siga haciendo negocio”, señala Sánchez Bayle. “En la Comunidad de Madrid, cuando se produce algún tipo de citación para pruebas diagnósticas o consultas, llaman a los ciudadanos y les intentan derivar a las privadas; creo que es algo intencionado para descapitalizar al servicio público y favorecer el negocio del sector privado”, añade. “Cuando el sistema público deriva una operación a la privada, el sistema privado cobra y el paciente vuelve al público; te deja el paciente para que le hagas tú seguimiento y controles. La privada opera, coge el dinero y echa a correr”, resume Gómez Liébana.

Llega la Ley 15/97 y el modelo de gestión privada

Pero los conciertos no fueron una puerta lo suficientemente grande y en 1991 se pone en marcha el informe Abril-Martorell. “Básicamente decía que había que abrir el sistema público a la iniciativa privada usando como argumentación las palabras de siempre: eficiencia, eficacia…”, relata Gómez Liébana. Por entonces, la Ley General de Sanidad permitía los conciertos con empresas privadas, pero no la gestión privada de los hospitales y centros médicos públicos, el siguiente objetivo marcado. El 25 de abril de 1997, PSOE, PP, CiU, PNV y Coalición Canaria aprueban la Ley 15/97, sobre habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud.
Las Marchas por la Diginidad piden que cesen las privatizaciones ...“Hay que recordar que el sistema catalán estaba muy privatizado ya y la propia Convergencia vota a favor, y el PP dice que esta ley iba a legalizarlo ya que estaba al borde de la ilegalidad. Influyeron intereses de empresas privadas y la administración catalana, que quería legitimar su modelo”, afirma el activista de CAS Madrid. Fue, como él cita, “la huida del derecho público”, una estrategia por la que las administraciones públicas se sujetan al derecho privado para alejarse de los controles y garantías del procedimiento administrativo.
“Esta ley cierra el paso a la privatización de la sanidad”, afirmó la entonces ministra de Sanidad, la socialista Ángeles Amador Millán. “Hubiéramos querido que grupos parlamentarios que se autocalifican de izquierdas nos hubieran acompañado en la denuncia de lo que es un mecanismo de privatización de la sanidad, que tiene la dudosa virtud de no haber demostrado en ninguna parte del mundo que mejore la eficacia y la eficiencia en la gestión”, respondía Ángeles Maestro, entonces diputada de IU. Desde el PNV, María Jesús Aguirre Uribe marcó como reto “seguir consolidando los fundamentos del sistema de salud, la universalidad, la equidad, la solidaridad, la calidad y la eficiencia”, y dos meses después el Gobierno vasco transformó la Osakidetza —servicio vasco de salud— en un ente público de derecho privado.

País Valencia, cuna de la concesión

Para llegar al origen de las concesiones hospitalarias en España hay que remontarse al 9 de febrero de 1999, cuando Eduardo Zaplana, entonces president de la Generalitat Valenciana, inauguró oficialmente las instalaciones de Alzira. El centro privado se convirtió en el primer hospital español cuya gestión se entregó a una empresa privada a cambio de un canon. No era un rescate: se trataba, según el president, de pioneras “fórmulas inteligentes de gestión” que se adaptaban a las “nuevas exigencias” para mejorar el servicio de la sanidad. Cuando Aznar fue a visitar el experimento. Meses después, se mostró entusiasmado con la idea: Alzira, dijo, “marca un camino, marca una señal, marca una tendencia y marca un modo de resolver las cosas sencillamente muy positivo en el sistema de salud español”. Había nacido en España el modelo PPP (siglas del inglés public–private partnership) aplicado el sistema sanitario.
El modelo Alzira se llevó a otros hospitales del País Valencià y de otros territorios de España. El periodista Sergi Castillo calcula en su estudio La batalla per la sanitat valenciana que las concesiones valencianas, muchas de ellas controladas por el grupo Ribera Salud, han costado alrededor de 7.500 millones de euros en 15 años (2003-2018), a lo que habría que sumar los 800 millones de la factura del Instituto Valenciano de Oncología (IVO) y los 800 millones en resonancias magnéticas, además de otros conceptos como los denominados planes de choque o el transporte sanitario. La privatización arrasó durante esa época con mil millones de euros al año, la sexta parte del presupuesto de la Conselleria de Sanitat. Al mismo tiempo, especialmente entre 2011 y 2013, el presupuesto de la Generalitat Valenciana dedicado a sanidad fue reduciéndose. Estas “fórmulas inteligentes de gestión” implicaron, según muestran los datos de la Sindicatura de Comptes de los ejercicios 2009 a 2015, que las zonas de La Ribera, Dénia, Torrevieja, Manises y Elche, con hospitales en régimen de concesión, tuvieran 1,59 camas hospitalarias por mil habitantes frente a las 3,46 en las zonas con hospitales de primera referencia (La Fe, el General de Alacant y el Hospital de Castelló) o el 2,05 del total del País Valencià.
Durante la etapa del PP, el modelo Alzira se consolidó y Ribera Salud se expandió por País Valencià. En 2007, con Francisco Camps como presidente, se produjo un punto de inflexión: el modelo de Ribera Salud pasa a convertirse en una empresa real. El que era director del hospital Ribera, Alberto de Rosa, se convierte en conseller delegado de Ribera Salud Grupo, que elabora un plan de crecimiento a nivel nacional e internacional. La compañía entra un año después en Erescanner Salud, una unión de empresas dedicadas a las resonancias magnéticas que nació en València pero también abrió mercado en Madrid. La reversión del servicio de resonancias en territorio valenciano se produjo el pasado mes de abril.
En el 2018, con la consellera Carmen Montón a la cabeza y tres años después de la firma del pacto del Botànic, volvió por primera vez a lo público un hospital privatizado, el de Alzira, al finalizar su concesión por 20 años y decidir no renovarla el Govern. País Valencià todavía tiene activas cuatro concesiones en hospitales: el de Torrevieja (que acaba en 2021), Dénia (2023), Manises (2024) y Elche-Vinalopó (2025).

Y Esperanza Aguirre lo trajo a Madrid

En la Comunidad de Madrid, el nuevo paradigma llegó de la mano de Esperanza Aguirre en 2004 con su Primer Plan de Infraestructuras Sanitarias 2004-2007, por el que asignó una partida de 2.280 millones de euros a la construcción de siete hospitales encargados a una serie de empresas que se quedaron con sus servicios no médicos. Entre estas constructoras se encontraba Hispania, que después vendió este contrato de gestión a Assignia, en cuyo consejo de administración entró en 2010 Manuel Lamela, consejero de Sanidad durante la implantación del Plan de Infraestructuras. Solo los actos de colocación de las primeras piedras de los nuevos hospitales en construcción costarían casi medio millón de euros, y los gastos cruzados pagados por la Consejería de Sanidad y las constructoras constituyen una pieza separada del caso Púnica.
En 2007, el Gobierno de Esperanza Aguirre anuncia el segundo Plan de Infraestructuras Sanitarias 2007-2011, con tres hospitales de modelo PPP, a imagen del modelo Alzira: los de Móstoles, Torrejón y Collado-Villalba. “Cuando empieza esto, había un informe realizado por los técnicos de la Consejería de Sanidad que decía que hacían falta cuatro hospitales públicos de tamaño medio, de unas 500 camas. Frente a ese informe técnico, lo que hacen son los 14 hospitales de modelo privado, muchos de ellos de cien camas”, señala Gómez Liébana. Un año antes, 2006, la Fundación Jiménez Díaz fue beneficiaria de un concierto singular por el que la Administración le transmitió la asistencia sanitaria de 400.000 personas que hasta entonces habían sido atendidas por centros públicos. El propietario de la Fundación Jiménez Díaz era Capio, que más tarde se fusionará con el Grupo Quirón, actualmente del fondo alemán Fresenius.
“Los nuevos hospitales en la Comunidad de Madrid se abrieron en paralelo a un cierre muy significativo de camas de titularidad pública, de forma que se favorecía el flujo de pacientes a estos nuevos centros”, explica Sánchez Bayle. Según detalla el informe de la FADSP, entre 2010 y 2017 se han perdido 14.862 camas hospitalarias. “Se trata de una tendencia del sistema sanitario español desde hace años que explica en gran parte el colapso de camas en urgencias en los momentos de mayor demanda de ingresos”, argumenta el informe en relación a las gripes estacionales meses antes de que explotara la crisis del coronavirus.
El recorte en la Comunidad de Madrid no solo se produjo en el número de camas, también afectó a los profesionales: “La privada busca la obtención de beneficios y una parte de la rentabilidad se consigue disminuyendo personal”, subraya el portavoz de la FADSP. Algo que afecta, apunta, a la calidad de la atención sanitaria. “Muchas veces, cuando la privada defiende que son más baratos, lo hacen a costa de malas condiciones laborales”, añade Mónica García, anestesista en el Hospital 12 de Octubre, en Madrid, y diputada de Más Madrid. “Si en la pública ya hay muchas plantillas en el límite, en la sanidad privada, donde el margen de beneficio tiene que ver con el personal, te encuentras con que de lo que se trata es de dar un servicio barato”, continúa.
“Creo que lo peor que he visto en todos mis años de carrera fue unas navidades que estuve de prácticas de máster en un hospital privado”, recuerda Cristina O. Estaba en el servicio de urgencias cuando las enfermeras concluyeron su jornada: “Esa noche había un médico para pediatría, un médico para atención general y una enfermera para todo. Y cuando digo para todo es para hacer el triaje, para llevarlo al box y ponerle los tratamientos, hacer analíticas, bajar al laboratorio y analizar las muestras, ser técnico de rayos, ser celadora…”. Una semana antes de que ella se incorporara al centro, cuenta, una compañera tuvo un ataque de ansiedad al tener que someterse a esa falta de personal.
El blog del viejo topo: La privatización de la sanidad a través de ...Las memorias de la Conselleria de Sanitat reflejan que la plantilla en el País Valencià se ha incrementado desde 2014, pasando de las cerca de 50.000 personas empleadas a las 54.000 de 2018 (un 92% personal estatuario), según el último informe accesible. De estas plazas, solo un 14% (cerca de 9.000 personas) están gestionadas por concesiones o consorcios. “En el servicio en el que trabajo ahora tenemos una ratio en la UCI de máximo tres pacientes por enfermera, pero en el privado de València en el que tuve que hacer prácticas podía haber una enfermera para 10 pacientes. Y ahí reza, porque como le pase algo a un paciente y el otro tenga fiebre, tienes que elegir”, lamenta. “Los centros públicos tienen 2,51 veces más profesionales médicos, 2,26 veces más de enfermería, 1,65 veces más auxiliares de enfermería y 1,59 veces más profesionales no sanitarios por cama que el sector privado”, corrobora el informe de la FADSP. Sánchez Bayle afirma que las condiciones laborales son “claramente peores en la privada”. Aunque hace mención a la eventualidad en la pública, argumenta que la estabilidad es mucho mayor.
En cuanto a salarios, Cristina O. explica que, en el caso de los profesionales de enfermería, la situación laboral es mucho peor en la privada en comparación con el personal médico. Ella cobra en la pública unos 1.800 euros con guardias y festivos, y calcula que en la privada ganaría unos 1.300 con más carga laboral—. Otras categorías laborales, como auxiliares de enfermería o celadores, lo tienen mucho peor : “Con suerte llegan a los 800 euros”, afirma. “Se ha intentado que las condiciones sean más parecidas entre las entidades privadas y públicas —afirma Güell sobre la situación en Catalunya—, pero bajando las condiciones de los centros públicos: hay muchos contratos eventuales por días o meses”.
Sánchez Bayle cifra en “aproximadamente un 30%” el personal médico que trabaja en la pública y complementa su salario en la privada, una situación en la que hay “un conflicto de intereses”. “El mayor interés de la gente que trabaja en el sector privado, al menos en teoría, no es que el sistema público funcione de manera adecuada y atienda todas las demandas de la ciudadanía, porque la privada desaparecería”. Por eso aboga porque el personal sanitario trabaje en lo público o en lo privado, sin poder compaginar ambos sectores.
“Hay más población, más hospitales, pero hay menos camas y menos trabajadores. Las privadas recuperaron la inversión en muy poco tiempo”, resume Gómez Liébana. Y es que, sobre todo a partir de 2012, la entrada de los fondos de inversión en el capital de varias de las privadas sanitarias provocó un casino en el que las acciones pasaron en pocos años por varias entidades que ganaron miles de millones de euros con estas transacciones a la vez que concentraban el sector en un puñado de empresas que se repartieron el territorio. Quirón Salud acumula 50 hospitales en toda España, once de ellos en Madrid, entre los que se incluye la gestión de la Fundación Jiménez Díaz, el Hospital General de Villalba, el Universitario Infanta Elena y el Rey Juan Carlos. Ribera Salud mantiene seis hospitales con concierto o bajo gestión con las administraciones públicas, de los cuales tres están en Alicante. El grupo familiar José Manuel Pascual Pascual tiene concesiones en cinco de sus siete hospitales en Andalucía.

Listas de espera

Uno de los problemas que provoca y, a la vez, es consecuencia de esta situación sanitaria es el aumento de las listas de espera. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2008 había 364.397 pacientes en lista de espera quirúrgica, de los que el 6,7% tuvo que esperar más de medio año para ser operado. Once años después, en diciembre de 2019, eran cerca de 705.000 personas, un 19,9% de ellos con una espera de más de seis meses. Aunque aun no hay datos que concluyan cómo ha afectado la pandemia a esta evolución, el personal médico lleva semanas denunciando los efectos que la consecuente paralización de prestaciones médicas va a tener en las listas de espera.
Antes de los recortes, el tiempo medio de espera para intervenciones quirúrgicas rondaba los 70 días. En 2012 se alcanzó el centenar, aunque con sustanciales diferencias según la especialidad: cirugía plástica se coloca a la cabeza con un tiempo de espera medio de 333 días, mientras que en especialidades como traumatología, que suma el mayor número de pacientes en lista de espera, disminuye a los 137 días. Sánchez Bayle reconoce que, más allá de que las listas sean muy prolongadas, hay un problema de evaluación: “Es importante conocer el problema de salud y priorizar aquellos que son más graves o incapacitantes, y también se debe mejorar mucho los circuitos de funcionamiento, porque una parte de esto sucede por problemas que se derivan de forma inadecuada”. Según el portavoz de la FADSP, una correcta dotación de recursos a la Atención Primaria y una buena coordinación con la especializada reducirían las listas de espera al poder realizar el diagnóstico en el primer sistema asistencial: “Se calcula que un 30% de las pruebas diagnósticas no están indicadas correctamente, pero generan lista de espera”.
Las diferencias también son notables entre comunidades autónomas. La FADSP resuelve que Catalunya es la que presenta una tasa mayor de personas en lista de espera quirúrgica (23,32), frente a Madrid (8) y País Vasco (8,34). La demora media va desde 149 días en Castilla-La Mancha hasta 46 en Madrid, y el porcentaje que espera más de seis meses desde el 29,4% en Castilla-La Mancha hasta el 0% en La Rioja y País Vasco. En consultas externas, la lista de espera también empeoró el último año, aunque se redujo ligeramente el número de pacientes que esperó más de dos meses. De nuevo hay grandes diferencias entre territorios: 23 días en País Vasco, 130 en Andalucía, un 87% de personas tuvieron que esperar más de 60 días en Canarias y solo un 5,7% en País Vasco.
“Los estudios internacionales demuestran que, cuando un paciente es atendido en un hospital de gestión privada, la mortalidad es superior”, alerta Gómez Liébana. El sanitario se refiere a un estudio publicado en 2002 en el Canadian Medical Association Journal en el que se concluye que las probabilidades de muerte se incrementan al ser atendido en un hospital en manos de accionistas un 9,5% en perinatal, un 2% en adultos y un 8% en enfermos crónicos. “Además, el propio Ministerio de Sanidad reconoce que los hospitales pequeños tienen más efectos adversos en los pacientes”, añade.
Y entonces, ¿por qué se privatiza? Sánchez Bayle identifica tres motivos, el primero de ellos ideológico. “Hay argumentos economistas neoliberales que mantienen que hay que adelgazar al máximo el sector público y que, cuanto más pueda hacer el sector privado, mejor, pero se ha demostrado que no es cierto que este modelo sea más eficiente y que se controlen los gastos, sucede exactamente lo contrario”. El segundo motivo que observa es la presión de grandes empresas, que quieren hacer negocio con los presupuestos públicos. Y el tercer factor es la corrupción. “Hay una colusión de intereses entre las administraciones que realizan las privatizaciones y el sector privado que se manifiesta en las puertas giratorias, en financiación ilegal de partidos. El problema es que la privatización conlleva mucha falta de transparencia y mucha corrupción”, resume.

Durante la crisis del Covid-19 continúa el espectáculo

Durante la pandemia de Covid-19, este modelo sanitario al que Mónica García califica de “espectáculo” ha continuado. “En nuestra comunidad hay siete hospitales con modelo mixto y cuatro con modelo privado en los que, cuando ha llegado la pandemia, nos hemos encontrado con que el interlocutor es un fondo de inversión, y no es posible interactuar con ellos porque ellos operan para el beneficio de sus accionistas”, denuncia.
García ha sido una de las voces que ha denunciado el “milagro” —según lo denominan desde el PP— del hospital de Ifema, un centro con capacidad de 3.000 camas en el que, en mes y medio, se han atendido a 3.800 enfermos de coronavirus y cuyos contratos han supuesto costes por 59 millones de euros que han ido a parar a grandes empresas como Clece (ACS), Telefónica o Compass mientras los profesionales sanitarios denunciaban la falta de medios y el caos organizativo. “Han utilizado Ifema como estandarte propagandístico para tapar la mala gestión que han hecho y la falta de directrices y liderazgo en la sanidad en general, y esto tiene dos lecturas: una, que han aprovechado para hacer lo que llevan haciendo años, que es dar contratos millonarios a empresas amigas que ya habían participado en la privatización; y dos, que ni en lo peor de esta pandemia han sido capaces de sentirse orgullosos de sus hospitales públicos, y eso es ofensivo porque es donde hemos vivido el mayor drama”, denuncia la diputada.
Las exigencias de Holanda dejarían la sanidad pública española en ...Mientras, en Catalunya, el Govern de Quim Torra ya ha prometido a las empresas de sanidad privada el pago de 43.000 euros por paciente que haya pasado por sus instalaciones de cuidados intensivos, a pesar de que la propia patronal estima el coste en mil euros diarios. “Hay sitios en los que se aprovechó la pandemia para derivar pacientes a la privada y otros en los que se controló, como era lógico”, apunta Sánchez Bayle. Cuenta cómo una compañera suya que se contagió de coronavirus en Madrid, al recibir el diagnóstico fue llevada inicialmente al Hospital 12 de Octubre —de gestión pública—, y cuando vieron que su evolución era buena fue trasladada a un centro privado que cobrará a la Administración por su tratamiento. La historia no cambia con la pandemia: “El centro privado recoge fundamentalmente beneficios y el público intervenciones más complicadas, y esto se paga mediante conciertos y facturaciones”, resume.
Las privatizaciones continúan aun ahora, cuando comenzamos a salir de la crisis del coronavirus. A finales de junio, cientos de trabajadoras y trabajadores del servicio de limpieza del Hospital General Gregorio Marañón en Madrid fueron a la huelga para denunciar que el 3 de junio el Servicio Madrileño de Salud (Sermas) sacó a licitación los servicios de limpieza integral del hospital, que actualmente cuenta con una plantilla de 553 trabajadoras. En los mismos días, PP, Ciudadanos y Vox votaban en Zaragoza a favor de vender una parcela del Ayuntamiento para la construcción de un macrohospital privado, un proyecto en el que ya ha manifestado interés Ribera Salud.

¿Cómo arreglamos esto?

“Toda la legislación se ha quedado obsoleta, no solo por la pandemia; la que menos tiene 20 años”, resume Mónica García. “La 15/097 abrió una puerta que es muy difícil de cerrar, tenía mucho de conflicto y perversión, y se ha traducido en una parasitación público-privada”. La experiencia de la pandemia, defiende, ha evidenciado la necesidad de cerrar esa puerta, lo que, según afirma “no impide que pueda haber determinados contratos donde el sustrato sea la colaboración, no la especulación”.
Gómez Liébana es más tajante y recuerda que todas las licitaciones referencian a una misma ley: “Hay que derogar la Ley 15/97 para paralizar la privatización en todo el Estado y rescatar los centros que el sistema sanitario estatal necesitase”, afirma tras recordar que algunas de las concesiones son hasta 2044 y matizar que las concesionarias ya recuperaron la inversión y que “no todos los hospitales privados que se abrieron son necesarios” por su escasa capacidad. Otra de las medidas que propone es modificar la Ley general de sanidad para que ninguna de las infraestructuras construidas con dinero público pueda ser enajenadas o alquilada. Él y Sánchez Bayle insisten en la optimización de recursos de la pública: “En Madrid se desveló que la privada hace el doble de resonancias magnéticas por máquina que la pública. Mientras en la privada el sistema funciona todos los días, en la pública solo lo hace de lunes a viernes en horario de mañana”. Si el sistema público hiciera las mismas resonancias que el privado, argumenta el portavoz de la FADSP, se reducirían las derivaciones y las listas de espera, y se mejoraría notablemente el sistema público. “Pero para eso hay que destinar recursos”, resume.
La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de reforzar el sistema público y la atención primaria para prevenir futuras pandemias o los efectos de un rebrote. Pero que la población prefiere la sanidad pública ya era un hecho manifiesto. Entre 2010 y 2018, según datos de la FADSP, se incrementó el porcentaje de personas que eligieron ser tratadas por la pública tanto en consultas externas (del 48% al 56%) como para hospitalización (de cerca del 59% al 67%). Cristina O., sin embargo, recuerda la importancia de la voluntad política: “El futuro depende de las comunidades y los gobiernos; creo que en los gobiernos de derechas la tendencia seguirá siendo privatizar, porque al final los que están ganando dinero son ‘el amigo de’ o ‘el marido de’”. Que los efectos de la pandemia en la capital fueran devastadores, opina la enfermera, tiene mucho que ver con el desmantelamiento de la sanidad pública de la Comunidad de Madrid.
El Covid-19, afirma Sánchez Bayle, ha evidenciado las consecuencias de la privatización, “y varias decenas de miles de personas no pueden haber muerto en balde, tenemos que sacar lecciones de la pandemia”. Cristina O. espera que sea así y que, cuando el personal sanitario salga a reclamar sus derechos o rechazar los recortes, la ciudadanía les apoye: “Sal a defendernos porque formas parte de la sanidad pública, y porque, aunque pagues tu seguro, nosotros estaremos aquí cuando tu seguro no te quiera”.

 

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La ‘transparencia’ llega a las puertas giratorias: la consultora del exministro Blanco
“Una interlocución permanente con los poderes públicos y otros stakeholders sobre la regulación y su influencia en las inversiones de la compañía”. “Facilitar la interlocución entre la compañía y el Gobierno, teniendo en cuenta el valor añadido, las oportunidades y potencialidades de la empresa”. “Establecer un diálogo permanente con los responsables de las Administraciones y Ministerios en las iniciativas normativas y legales que puedan afectar a los intereses e inversiones de la compañía”. Con estas fórmulas presenta el exministro y exnúmero dos del PSOE, José Blanco, los servicios de su consultora Acento a empresas cotizadas del IBEX, según una información publicada por eldiario.es.
José Blanco, de todopoderoso amo del PSOE a víctima de SánchezBlanco se incorporó hace unas semanas al Consejo de Administración de Enagás –su máximo accionista es el Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI)– junto al también exministro socialista José Montilla. Con ambos nombramientos, los expolíticos sumarían mayoría absoluta dentro del consejo, donde ya tienen silla seis antiguos cargos públicos del PP: Marcelino Oreja, exeurodiputado; Antonio Hernández Mancha, expresidente de Alianza Popular; Ana Palacio e Isabel Tocino, exministras de Asuntos Exteriores y Medio Ambiente, respectivamente; y Rosa Rodríguez, antigua viceconsejera de Hacienda del Gobierno canario.
Se trata, por tanto, de otra muestra de la utilización de las puertas giratorias por parte de excargos políticos. En varios documentos a los que ha tenido acceso el citado diario, Blanco «hace gala de su capacidad de interlocución con los responsables de las carteras del PSOE en el Ejecutivo de coalición«, entre otros el ministro José Luis Ábalos, la ministra Reyes Maroto y la vicepresidenta Teresa Ribera.
Blanco ha defendido su actuación y niega cualquier tipo de incompatibilidad con su responsabilidad en Enagás: “Todas las consultoras están cargadas de excargos públicos, desde exministros del PP a ex altoscargos del PSOE. Los clientes te piden un proceso de negociación, si hay un problema de telecomunicaciones pues habrá que hablar con el secretario de Estado de Telecomunicaciones, no se trata de decir que tienes influencia sino de quién puede ser el interlocutor”. Y añade: “Es mejor hacerlo de forma transparente que de forma opaca, es mejor ofrecer los servicios de una manera transparente que en los reservados de un hotel”.
«La mayoría de los ministros han asegurado que desconocían que el exnúmero 2 del PSOE estuviera mandando cartas a directivos de empresas cotizadas asegurando que tenía contacto directo con ellos y niegan cualquier trato de favor hacia el exministro socialista», explica la información.
Blanco creó Acento en octubre de 2019 junto al exportavoz parlamentario del PSOE en el Congreso Antonio Hernando. La semana pasada, el excandidato del PP en Euskadi Alfonso Alonso anunció su incorporación a la empresa, en la que también trabaja Esteban González Guitar, hijo del eurodiputado del PP Esteban González Pons, y la exeurodiputada socialista Elena Valenciano.

Más giratorias en estado de alarma

Las de Montilla y Blanco no han sido las únicas puertas giratorias de estas semanas. A principios de abril, la exministra del PP Fátima Báñez fichó por la patronal de las empresas, la CEOE. Báñez fue la encargada de poner en marcha la reforma laboral del PP en 2012, con la que se abarató y facilitó el despido de los trabajadores.
Apenas tres días después, la Oficina de Conflictos de Intereses (OCI) autorizó al teniente general Miguel Alcañiz Comas, jefe de la Unidad Militar de Emergencias hasta octubre de 2019, a incorporarse al Consejo de Administración de General Dynamics Santa Bárbara Sistemas, una de las principales compañías armamentísticas de España.
Por su parte, José Luis Verdugo, segundo jefe del Estado mayor de la Armada, también recibió la autorización de la OCI para ejercer la actividad profesional de “consultoría y asesoramiento” en Maxam, dedicada a la fabricación de explosivos. Destacado ha sido también también el fichaje de Pilar Mas, exdirectora general del departamento de Análisis Macro del Ministerio de Economía, por el BBVA, donde se incorporará al servicio de estudios del banco.
https://www.lamarea.com/2020/07/20/la-transparencia-llega-a-las-puertas-giratorias-la-consultora-del-exministro-blanco/

GALERIA DE BUITRES DXCVI

Las ocho empresas que se reparten el negocio de la sanidad
La entrada de los fondos de inversión en el capital de privadas sanitarias provocó un casino en el que las acciones pasaron en pocos años por entidades que ganaron miles de millones de euros con estas transacciones mientras concentraban el sector en un puñado de empresas.
Panorama Sanidad 39 03

Vithas sanidad

Presidente:Grupo Familiar Gallardo
Accionistas: Goodgrower (vehículo de inversión de la familia Gallardo) (80%) - Criteria Caixa (20%).
Facturación en 2018: 538 mill.
Es el primer grupo de sanidad privada con capital 100% español. Sus máximos propietarios, la familia Gallardo, también propietaria de la farmacéutica Almirall. Vithas fue creada en 2012, al calor de la crisis económica y los recortes en sanidad, por sus actuales accionistas: los Gallardo y La Caixa. Doce de los 20 hospitales que acumula actualmente están en régimen de concierto, uno de ellos el Nou d’Octubre, que formaba parte del catálogo de hospitales del grupo valenciano Nisa, que Vithas compró (49%) en 2017. Los hermanos Gallardo tuvieron hasta noviembre tres sicav que sumaban algo más de 430 millones de euros.

GRUPO QUIRÓN

Presidente: Víctor Madera
Accionistas: Fresenius -Helios (100%)
Facturación en 2019: 3.292 mill.
Beneficios en 2019: 434 mill.
En febrero de 2012, el fondo de inversión británico Doughty Hanson anunció la compra de USP Hospitales a Barclays y Royal Bank of Scotland, sus propietarias desde 2009, por 355 millones de euros. Un mes después se hizo con el 40% del Grupo Quirón y fusionó ambas entidades, quedándose con un 60% del grupo resultante. Con la compra en 2013 del Centro Médico Teknon de Barcelona por 200 millones de euros a Magnum Capital —que a su vez lo había comprado en 2010 por 140 millones de euros al británico BC Partners—, Grupo Quirón se convirtió en el primero en sanidad privada en España.
En julio de 2014, Doughty Hanson vende su 61% del Grupo Quirón a CVC Capital Partners por 1.500 millones de euros. Bajo el mando de CVC Capital Partners, Grupo Quirón se fusionó con Capio (IDC Salud), que fue comprada en 2011 por el mismo grupo de inversión por 900 millones de euros. El 2016, la alemana Fresenius compraba el Grupo Quirón por 5.760 millones de euros y CVC Capital se llevó con la operación 2.600 millones de euros de beneficios dos años después de convertirse en el accionista mayoritario. La nueva propietaria, Fresenius, es una de las 30 mayores empresas alemanas en los mercados de capitales. Cotiza en el DAX, el principal mercado bursátil alemán, y en el Euro Stoxx 50.

José Manuel Pascual

Presidente: José Manuel Pascual Sánchez Gijón
Accionistas: José Manuel (12,11%), María Josefa (11,66%), Francisco (11,66%), Guillermo (11,66%), Salvador (11,6%), María del Carmen (11,66%), Esperanza (11,66%) y Luís (11,6%) Pascual Sánchez-Gijón
Facturación en 2018: 121,58 mill.
Los hermanos Pascual Sánchez-Gijón se reparten a partes iguales la empresa que fundó su padre, José Manuel Pascual Pascual, en 1947 con el Hospital San Rafael y que desde 1980 lidera José Manuel Pascual Sánchez-Gijón. Gestiona siete hospitales de los que cinco tienen conciertos con la Administración andaluza. En 2014 amenazó con cerrar todos sus centros, dejando en la calle a más de 2.000 trabajadores, si recortaba el importe del concierto.

HLA Hospitales

Presidente: Francisco Ivorra MirallesMatriz: ASISA
Accionistas: Asisa es 100% propiedad de la cooperativa médica española Lavinia
Facturación en 2018: 307,9 mill.
HLA es la línea hospitalaria de Asisa, la mayor aseguradora sanitaria de España, con hasta 15 hospitales. La cooperativa Lavinia, su propietaria, nació en 1977 de la mano del médico Josep Espriu, médico catalán impulsor del cooperativismo sanitario.

HM Hospitales

Presidente: Juan Abarca Cidón
Matriz: Profesionales de la Medicina y de la Empresa, S.A.
Accionistas: Iniciativas de Gestión Acct 2010 SL (47,49%), Alma Terra Mater SL (14,19%)
Facturación en 2018: 415 mill.Beneficios en 2018: 61 mill.
Al comenzar la crisis del coronavirus, HM Hospitales cerró nueve de sus centros policlínicos en la Comunidad de Madrid “por tiempo indefinido”. Según publica El País, para ahorrar gastos. También presionó a sus trabajadores para que se tomaran vacaciones rotativas mientras durara la crisis sanitaria. La empresa cuenta con más de 200 accionistas, pero está en manos del matrimonio formado por los médicos Juan Abarca Campal y Carmen Cidón Tamargo y sus hijos.

Viamed

Presidente: Mariano Yera Miranda
Consejero delegado: Alberto de Rosa
Facturación en 2018: 5,8 mill.
Beneficios en 2018: 3 mill.
Es la principal empresa de sanidad privada en La Rioja, aunque también tiene centros en otras comunidades. El libro Tu Salud, nuestro negocio, de la periodista Mariela Rubio, expuso en 2014 los vínculos de esta empresa con la extrema derecha. Su vicepresidente, Rafael López Diéguez Gamoneda, es secretario general del partido de extrema derecha Alternativa Española y está casado con la hija de Blas Piñar.

Ribera Salud

Presidente: Ramón Mas Sumalla
Consejero delegado: Alberto de Rosa
Accionistas: Centene Corporation (90%), Banco Sabadell (10%)
Facturación en 2018: 342 mill.
Beneficios en 2018: 31,1 mill.
La precursora de la privatización sanitaria con el modelo Alzira nació en el País Valencià de la mano de Banco Sabadell y Bankia (al 50%). En 2015, Bankia cerró la venta de su mitad en la empresa a Centene Corporation, un fondo de inversión norteamericano especializado en sanidad privada. En 2019, Banco Sabadell le vende a esta misma corporación un 40% de Ribera Salud, manteniendo solo el 10%.
Actualmente Ribera Salud maneja seis hospitales en España en régimen de concierto o bajo gestión con las administraciones públicas, de los cuales tres están en Alicante —Torrevieja, Elche y Dènia (del que tiene el 35%, y el otro 65% está en manos del grupo de seguros DKV)—, uno bajo gestión en Madrid (Hospital Universitario de Torrejón, del que tiene el 90% y el 10% restante pertenece a la inversora Concessia, especializada en infraestructuras y concesiones públicas), uno en Vigo (Povesa, del que tiene un 93%) y otro en Badajoz. También es parte de BR salud, gestora del Laboratorio Clínico Central del Hospital de San Sebastián de los Reyes, que da cobertura a seis hospitales públicos madrileños por mandato de Esperanza Aguirre.

Hospiten

Presidente: Pedro Luis Cobiella Suárez
Accionistas: El Pino de Anmabe (21,58%) y Cobeau de Canarias (20,09%) —ambas presididas por Diana Cobiella Beauvais—, Pedro Luis Cobiella Beauvais (más del 11,55%) y Diana Cobiella Beauvais (10,99%).
Facturación en 2018: 326 mill.
Su actividad en España se centra en Canarias pero gran parte de sus ingresos los consigue en Latinoamérica. Su origen se remonta a la clínica que en 1969 abrió el médico Celestino Cobiella en Puerto de la Cruz, hoy convertida en el Hospiten Bellevue. Su especialidad es la atención sanitaria a turistas. En 2016, la investigación ‘Los Papeles de Panamá’ expuso cómo Pedro Luis Cobiella utilizaba una sociedad offshore para cobrar los dividendos reportados por Hospiten sin pagar impuestos.
https://www.elsaltodiario.com/sanidad-publica/ocho-empresas-reparten-negocio

La industria aérea y los cambios que está provocando la COVID-19

Hasta finales de año, las aerolíneas abaratarán sus tarifas para estimular la demanda y llenar sus aviones, aunque las medidas sanitarias en los aeropuertos desanimarán a algunos viajeros, aunque a otros dará confianza en volar de nuevo. La recuperación de los viajes de largo radio e intercontinentales se espera entre el primer y el cuarto trimestre de 2021, alcanzando en 2022 volúmenes similares a los de 2019, mientras que en 2023 experimentarán de nuevo crecimiento. La crisis impulsará la creación de nuevos modelos de negocio en la industria aérea, como planes basados en suscripción, así como un lento restablecimiento de los viajes de negocios.
Análisis de la Industria Aérea Mundial en 2018 según IATA | volaviEstas son algunas de las conjeturas y estimaciones de Oliver Dlouhý, CEO de Kiwi.com, sobre la industria aérea y la recuperación de sus operaciones, tras realizar un análisis de la evolución del sector en la pospandemia y la demanda de vuelos de corto, medio y largo radio y otros aspectos, con el inicio del desconfinamiento en Europa este verano y la consecuente reactivación paulatina de los viajes.
Dlouhý estima que, hasta finales de año, los billetes de avión serán vendidos por debajo del coste, dado que las aerolíneas tratan de volver a llenar los aviones y animar a los pasajeros a viajar con confianza.
“Estar en tierra tiene un coste casi tan elevado como volar, por ello las aerolíneas quieren volver a surcar los cielos lo antes posible. Los primeros seis meses después de abrir las fronteras y permitir que las compañías comiencen a operar, la rentabilidad no estará sobre la mesa”, ha afirmado.
Considera que las medidas de seguridad en los aeropuertos causarán alteraciones, haciendo la experiencia más incómoda para los viajeros, lo que no ayudaría a reanimar la demanda. Sin embargo, destaca que, por otra parte, "los chequeos de salud serán esenciales y la única forma de restablecer por completo los viajes alrededor del mundo, a fin de acercarnos a los niveles previos a la pandemia".
Aun así, Dlouhý se ha mostrado optimista ante la recuperación de los viajes nacionales e internacionales.
“Estamos detectando ya una reactivación de este tipo de viajes, por lo que entre los próximos tres y cinco meses se podría observar un aumento del 50-60% de los volúmenes de vuelos. La recuperación de los de largo radio se espera entre el primer y el cuarto trimestre de 2021, alcanzando en 2022 volúmenes parecidos a los de 2019, mientras que en 2023 experimentarán de nuevo crecimiento”.
A medio plazo, entre principios de 2021 y diciembre de 2022, todo apunta a que los viajes low-cost de corto alcance empezarán a mostrar signos de recuperación. Así se ha podido observar en España en el último mes: desde mediados de junio, las reservas han aumentado un 44%. No será extraño, no obstante, que agentes del sector con un balance más sólido adquieran aerolíneas más pequeñas con dificultades financieras. A medida que aumente la demanda y disminuyan las medidas de seguridad, las tarifas aumentarán, especialmente las de larga distancia, ya que los viajes de negocios no lograrán sufragar los viajes de placer.
En un plazo de tres años y con posterioridad, Dlouhý ve lejana la recuperación de los viajes de negocio. “Incluso las compañías más tradicionales se han visto obligadas a usar Zoom o cerrar su negocio, y pienso que muchas de ellas se han dado cuenta de que realmente funciona. Ahora es poco probable que un CFO con sentido común apruebe un gasto de 4.000 dólares para que alguien viaje al otro lado del mundo únicamente para una reunión de dos horas, algo normal antes de la pandemia”, explica.

Nuevos actores

Oliver Dlouhý prevé el surgimiento de nuevos actores en el sector aéreo, aprovechando aviones, tripulaciones y petróleo baratos, muy probablemente con nuevos modelos de negocio como, por ejemplo, planes basados en suscripción para estimular aún más la demanda.
“Una vez terminada la pandemia, viviremos el momento más barato de la historia de la aviación para crear una aerolínea y comenzar a volar a precios muy bajos. A medio y largo plazo, habrá todo tipo de grupos de capital privado y empresarios que tomarán partido de la situación, haciendo uso de aviones asequibles, las tripulaciones disponibles y el petróleo barato para comenzar a ofrecer precios más bajos que nunca”.

20 jul 2020

La banca debe a los españoles 150.000 millones de euros

La Justicia Europea está desmantelando todo el entramado de cláusulas abusivas de la banca española y descubriendo que, junto al rescate de 2012, el sector financiero debe a la ciudadanía un 10% del PIB
IRPH, cláusulas suelo, Valores Santander, gastos hipotecarios o hipotecas multidivisa, por citar algunos ejemplos de cláusulas abusivas, pueden suponer que los bancos españoles tengan que devolver a sus clientes más de 83.000 millones de euros, una cantidad lo suficientemente importante como para comprender cómo el sector financiero español ha estado sobreviviendo gracias, entre otras cosas, a la aplicación de cláusulas que la Justicia Europea ha declarado como abusivas y, por lo tanto, nulas.
Tal y como llevamos informando desde hace más de 4 años, el IRPH es, quizá, la mayor aplicación de cláusula abusiva por el valor del importe cobrado de manera, según la Justicia europea, ilegítima a sus clientes. Fue el banco de inversión Goldman Sachs, a quien no se le puede considerar un enemigo del sector financiero, afirmó, tras el informe de la Comisión Europea y sin conocer el dictamen del Abogado General de la UE que fue publicado tras la vista en el TJUE, afirmó que la banca española se exponía a pagar indemnizaciones a los afectados que podrían alcanzar los 44.000 millones de euros. En base a esta cifra y a los resultados presentados por las entidades correspondientes al ejercicio 2019, los bancos españoles se verían obligados a devolver a los afectados por el IRPH más del triple que el total de esos beneficios. El golpe más duro que recibiría el sistema financiero de un país en toda la historia. Sin embargo, eso sería lo justo. Sin embargo, la Justicia española está sirviendo, en algunos casos, como freno a lo indicado por el TJUE respecto a la abusividad de este índice. No obstante, hay otros muchos juzgados de diferentes instancias que sí están fallando en base a lo indicado por Europa y, en consecuencia, en favor de la justicia justa.
A los 44.000 millones de euros hay que sumarle las consecuencias de la sentencia del pasado jueves del TJUE respecto a los gastos hipotecarios. En este caso las cifras bailan según quién haga el análisis. Por ejemplo, según Kepler Chevreux, desde el año 2000, la banca española ha repercutido a sus clientes 15.300 millones de euros en el tipo de gastos hipotecarios que están recogidos en la sentencia. Sin embargo, las asociaciones de consumidores aumentan esa cifra. ASUFIN eleva la cifra porque, según sus cálculos, las reclamaciones podrían alcanzar los 3.000 euros. Por tanto, habiendo un número estimado de 8 millones de afectados, nos encontraríamos con un total de 24.000 millones. Patricia Suárez, presidenta de ASUFIN, afirmó que la sentencia del TJUE «deja claro que el consumidor podrá recuperar los gastos de la hipoteca (gestoría, notaría, registro y tasación) en su totalidad y no como defendía el Supremo que repartió salomónicamente entre banco y consumidor. Además, el banco tendrá que acreditar que informó de manera transparente sobre la comisión de apertura y que corresponde a un servicio efectivamente prestado y no a un porcentaje de la hipoteca».
A lo anterior hay que sumar los 7.000 millones de euros de las cláusulas suelo, la misma cantidad que los Valores Santander, o los 1.700 millones de las hipotecas multidivisa.
La consecuencia de todas estas cláusulas abusivas se refleja en una cifra: 83.700 millones de euros. Ese es el dinero que, por la mala praxis o por fraudes ya condenados por la Justicia, debe la banca al pueblo español. Si a todo lo anterior le sumamos los 65.725 millones de euros del rescate a la banca del año 2012, aquel «préstamo en condiciones ventajosas» y que no iba a costar un euro a la ciudadanía, según indicó Luis de Guindos, el peor ministro de Economía de la historia de Europa, según lo calificó el Financial Times, nos encontramos con que el sector financiero español debe a la ciudadanía 149.425 millones de euros. Todo ello, evidentemente, sin contar con las presuntas argucias fiscales que aplican año a año y que supondrían la entrada de otros tantos miles de euros a la Hacienda Pública.
Como se dice en las subastas, «¿Quién da más?» y, sin embargo, en España, como ocurre en los casino, la banca siempre gana.
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